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¡Los archivos de la vida!

Solemos decir que:

la historia es un campo de batalla
cubierto de hojas muertas

¡ Los archivos de la vida !

Muchas personas llevan vidas atormentadas porque siempre están con la mirada vuelta hacia atrás, y fija precisamente en las rojas heridas. Sus propios archivos son el surtidor más abundoso de resentimiento.

El tiempo no vuelve atrás ni un instante. Los archivos constan de hechos consumados que nuestros rencores y lágrimas jamás alterarán.

Se puede vivir dándose de golpes de cabeza contra las murallas inalterables de los hechos consumados, en un estado de alucinante locura, quemando inútilmente tanta energía.

El cristiano necesita ejercitarse frecuente y profundamente en esta purificación: en aceptar una y cien veces, en la fe, las historias dolorosas que el Padre permitió “.


Señor de la historia,
Dueño del futuro y del pasado, me abandono en ti.
Para ti nada es imposible.
Permitiste que todo sucediera así.
Hágase tu voluntad.
Porque me amas y te amo,
extiendo mi homenaje de silencio
sobre todas las páginas de mi historia.
Acepto con paz
el hecho de querer ser humilde y no poder.
Acepto con paz
el hecho de no ser tan puro como quisiera.
Acepto con paz
el hecho de querer agradar a todos y no poder.
Acepto con paz
el hecho de que el camino hacia la santidad
sea tan lento y difícil…
Acepta, oh Padre,
el holocausto de mi corazón.
Amén.

Evoca tus días felices

Evoca tus días felices

Reúne
los mejores recuerdos de tu vida;
dejándolos al aire fresco de tu memoria
y acarícialos como se acarician las rosas.

No renueves la herida
evocando la amargura
de tormentos y pesadumbres pasadas.

Los sinsabores pretéritos
ensombrecen el alma y la mirada.

Debemos sobrevolar
por encima de los espinos lejanos.

Evoca tus días felices.

Busca La Paz

Busca La Paz

Busca la paz y corre tras ella
plántala en tu huerto,
acógela en tu casa,
dale abrigo en tu corazón,
tradúcela a tus palabras,
cuélgala del techo de tu dormitorio,
guárdala con el cofre de tus pensamientos,
amásala con la levadura de tus ideas,
exprímela como zumo para tu sed,
téjela para cubrir tu espalda,
adórnala y que sea tu sabroso alimento.

Busca la paz y acógela en tu casa.

En Paz

En paz
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino.
Que fui yo el arquitecto de mi propio destino,
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;
cuando planté rosales coseché siempre rosas.
Cierto, a mis lozanias va a seguir el invierno,
¡más tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé, sin duda, largas noches de mis penas
mas no me prometiste tú solo noches buenas.
Y, en cambio, tuve algunas santamente serenas.
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz…
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!.
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