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El amor transforma

El amor transforma

El amor transforma la vida y la llena de luz, alegría y paz. Y en este camino del amor, nunca debemos decir basta; porque caeríamos en el gran pecado de omisión: no avanzar todo lo que podíamos haberlo hecho, no hacer todo el bien que deberíamos haber hecho, habiéndonos quedado a mitad de camino de la meta a la cual Dios nos invitaba a llegar.

“A Dios no vamos caminando, sino amando. Caminamos, amando y en este camino del amor, si dices basta, ya estas perdido. No te detengas, avanza siempre, no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta, retrocede”
San Agustín

Por eso, cada mañana toma tu vida con cariño y dite a ti mismo: Hoy comienzo el resto de mi vida. Hoy quiero sacar todo el odio que hay en mi corazón, porque sólo tengo tiempo para amar. Quiero amar a todos los que me rodean sin condiciones y sin excepciones, procurando hacerlos felices en la medida de mis posibilidades. Quizás deba corregir, llamar la atención, hablar o callar, pero todo lo haré con amor y por amor.

Sin amor estarás muerto por dentro
“Cuando se atrofia el amor, se paraliza la vida”
San Agustín
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El Reino de Dios o el reino de la tierra

Parece que estamos construyendo el Reino de Dios
pero podemos estar construyendo el reino de la tierra
El Reino de Dios o el reino de la tierra

Respiran en el corazón del hombre, agazapadas en la penumbra, unas fuerzas oscuras, connaturales y salvajes que, colocadas en fila, como un ejército en orden de batalla, reclaman a voz en grito la gloria, la opulencia, la dominación; y, al mismo tiempo, rechazaban con repugnancia el olvido, el fracaso, la oscuridad.

Tienen categoría de diosas, porque desde siempre y para siempre doblegan las balanzas y prevalecen sin contrapeso en el reino de los impulsos.

Inevitablemente, la tentación yergue sibilinamente su cabeza en el corazón del hombre; y es una tentación porque se presta a confusión, porque hay falacia (exhiben siempre una hermosa apariencia), y porque ofrecen mezclados, como en una aleación, los intereses de Dios y nuestros intereses, la gloria de Dios y nuestra propia gloria, la dominación de Dios y nuestra dominación. Una simbiosis idolátrica.

Todo cuanto amenace nuestra gloria amenaza la gloria de Dios, y viceversa. Los enemigos que hieren nuestros intereses hieren los intereses de Dios, y viceversa.

Parece que estamos construyendo el Reino de Dios, pero podemos estar construyendo el reino de la tierra: buscar y promover el prestigio, la fortaleza, la influencia, en una palabra, el poder, pensando que estamos promoviendo el poder y la gloria de Dios.

¿Eres cariñoso?

Es diferente

ser cariñoso que hacer cariño
Ser cariñosos

No hay normas para ser cariñoso

Ser cariñosos significa conducirse con un corazón afectuoso, en el trato con los demás. Significa ser amable y bondadoso, en sentimientos y actitudes, con los que nos rodean.
Ser cariñoso significa que el otro, a partir de mi trato con él, percibe que yo estoy con él. Es una corriente sensible, cálida y profunda.

Hay gestos que, inequívocamente, son portadores de cariño:

una sonrisa, una breve visita, una pregunta sincera, “cómo amaneció”, “cómo se siente hoy”, un pequeño servicio, el vivir con el corazón en la mano.

¡Es tan fácil hacer feliz a una persona!

Basta una palabra, un gesto, una sonrisa, una mirada. ¡Qué linda “profesión” ésta de hacer felices a los demás, siquiera sea por un momento!. Llevar un vaso de alegría al prójimo ¡qué tarea tan fácil y sublime!.
¡Qué cosa estupenda el acercarse a un hermano deprimido y ofrecerle una palabra de esperanza: no tengas miedo; todo pasará; cuenta conmigo; mañana será mejor!.

Para ser cariñoso,
lo único que se necesita es no estar consigo mismo,
sino salirse para estar con los demás.

El acto de abandono

“He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad”
Hebreos 10:7
El acto de abandono

El acto de abandono
es una transmisión de dominio,
un dar el “yo” a un “tú”.

Es un gesto “activo”
porque hay una ofrenda total
de la propia voluntad a la voluntad del ser querido.

No se trata de meterse con resignación
en la marcha fatal de los acontecimientos.

Abandonarse es entregarse con amor a Alguien
que me quiere y lo quiero,
y porque lo quiero, me entrego.

Todo sucede para el bien de los que aman a Dios

“Me acuesto en paz y en seguida me duermo,
porque sólo tú, Señor, aseguras mi descanso”.
Salmo 4:9
Todo sucede para el bien de los que aman a Dios

Todo, venga de donde venga, el Señor lo cambia en bien. Todo, sea agradable o sea doloroso, e incluso trágico.

El mal puede venir de causas muy diversas: Maldad ajena, causas naturales, deterioro corporal, culpa personal, etc.

A Jesús le sobra sabiduría, poder y amor para sacar bien de cualquier mal. El bien espiritual, siempre. El bien temporal, si conviene, también.

El hombre de fe viva asume todos los sucesos como “oportunidades”:

  • para madurar en el seguimiento de Jesús,
  • para crecer en la confianza y abandono total en Dios,
  • para comprobar una vez más el amor que El nos tiene.

No te preguntes nunca “por qué” me sucede a mí estas cosas: Pregúntate siempre “para qué” o “qué espera Dios de mí” en tal caso.

Tú ama y confía ciegamente en El
y El hará lo demás para tu bien.

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