Epifanía del Señor

Epifanía del Señor

Manifestación de Dios a todos los hombres y a todos los pueblos

“Vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”

Mateo 2: 2

La Luz es anunciada por una luz; no podía ser de otra manera. Esa iluminación de Dios es para todos los que estamos en tinieblas. Basta que nos pongamos bajo ella para que sea eliminada toda oscuridad en nuestras vidas, toda la oscuridad del mundo, y nos revistamos de la alegría de esa Luz brillante, que hace descubrir los colores hermosos que produce Dios y su amor en la vida de todo hombre.

La fiesta de la Epifanía del Señor, o Día de los Reyes Magos, es un día de ilusión para todos, especialmente para los niños que, con una inmensa alegría, esperan los regalos de Melchor, Gaspar o Baltasar. Es costumbre que los niños, durante las fiestas navideñas, escriban una carta pidiendo los regalos que quieren recibir el día 6 de enero. El origen de la carta a los Reyes Magos viene desde el primer cuarto de siglo XIX, cuando los niños escribían la carta y la dejaban, al lado de los zapatos, antes de irse a dormir. Al día siguiente, los regalos aparecían en ese mismo lugar.

Al Niño Jesús nacido en el portal de Belén, al que adoraron los Reyes Magos le trajeron como regalos oro, incienso y mirra. A este hecho, de gran importancia en la historia de la salvación, la Iglesia lo denomina Epifanía del Señor. La palabra epifanía significa manifestación. Por eso, Epifanía del Señor significa que el Señor se manifestó, se dio a conocer, a todos los hombres y a todos los pueblos en las personas de los Reyes Magos.

¡Feliz Epifanía del Señor!
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2 pensamientos en “Epifanía del Señor

  1. Sor Purísima Rubio 07/01/2017 en 6:23 Reply

    Que Jesús, te llene del mejor regalo que es, Él mismo.
    Feliz día de la Epifanía.

    Sor Purísima

  2. Blanca 07/01/2017 en 13:32 Reply

    “Vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”
    Mateo 2: 2

    “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2,10). Pero la alegría no es el fin de los caminos, si éstos no llevan hasta la meta. Sólo llega quien camina. Y quien reconoce que sólo el Señor merece adoración. “Entraron en la casa; vieron al Niño con su madre María y, postrándose, lo adoraron” (Mt 2,11).

    Adorar es la meta y es la clave de la fe. Pero poco sería adorar sin entregarse. La adoración o es dádiva o es tan sólo un rito. Los dones que presentamos al adorar al Señor son tan sólo signo de la entrega de nosotros mismos. “Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mt 2, 11). Seguramente no era todo lo que tenían, pero era lo mejor que poseían.

    Los Magos llegados del Oriente son la parábola de los buscadores de Dios, convertidos ya en seguidores del Mesías. Nosotros no adoramos a los astros, sino al Señor de los astros y de la historia. Somos humildes caminantes que tratamos de ver las señales que nos llevan a reconocerle y adorarle.

    José-Román Flecha Andrés

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