Meditar y Vivir la Palabra

Meditar y Vivir la Palabra

Ignacio Larrañaga

Disposición previa

Procura tener el alma vacía, abierta, tranquila, sin ansiedad, serenamente expectante, pues es el Señor el que viene, en su Palabra, a tu encuentro.

Una vez escogido el texto y después de invocar al Espíritu Santo, haz una lectura lenta, muy lenta, con pausas frecuentes, pensando que Dios te está hablando a ti, en este momento, con estas palabras, que estás leyendo.

Tiene que ser una lectura desinteresada, sin buscar utilidad alguna, como solución a tus problemas, doctrinas o verdades…. el Señor se manifestará libremente según sus designios y proyectos para tu vida.

Lectura escuchada

Mientras vas leyendo lentamente, escucha a Dios: es el Señor el que te está hablando de persona a persona. Estas palabras tan antiguas las está pronunciando el Señor en este momento para ti. Escúchalo con una atención receptiva y serena, sin ansiedad alguna.

No pretendas tanto entender intelectualmente lo que estás escuchando; no te esfuerces tanto por averiguar qué significa esta frase, qué quiere decir este versículo sino qué me está queriendo decir el Señor a mí con estas palabras. Si algunas expresiones no “te dicen” mucho, o no las entiendes, no te quedes estancado o ansioso. Pasa adelante con calma y libertad.

Detalles prácticos

Puede suceder que algunas expresiones te conmuevan despertando en ti resonancias profundas y desconocidas. Detente ahí mismo: da vuelta en tu mente y en tu corazón rumiando, ponderando y saboreando esas expresiones. Toma un lápiz y subráyalas, y escribe al margen una palabra o una breve frase que sintetice aquella impresión.

Cuando en la lectura escuchada aparezcan nombres propios como Israel, Jacob, Samuel, Moisés… sustitúyelos por tu propio nombre personal, pensando y sintiendo que el Señor está dirigiéndose a ti con tu propio nombre.

Si la lectura no “te dice” nada, quédate tranquilo y en paz. Podría suceder que ese mismo pasaje, leído otro día, “te diga” mucho. Por encima de nuestra actividad humana está el misterio de la gracia que, por esencia, es imprevisible. La “hora” de Dios no es nuestra hora. En las cosas de Dios es necesario tener mucha paciencia.

No te esfuerces tanto por captar y poseer exactamente el significado doctrinal de la Palabra, sino más bien procura meditarla gozosamente en el corazón como María, dándole vueltas en la mente, dejándote inundar por dentro de las vibraciones y emociones que se desprenden de la proximidad de Dios. Y “conserva la palabra”, es decir: que sigan vibrando en tu interior esas resonancias a lo largo del día.

Salmos

Los salmos no se leen, se rezan. Ten anotados en tu cuaderno los Salmos que más “te dicen”, clasificados según diferentes sentimientos como admiración, gratitud, comprensión, alabanza… Esfuérzate por sentir con toda el alma el significado de cada frase, identificando tu atención y emoción con el contenido de las expresiones, expresándolas con el mismo tono interior que sentirían los salmistas. Colócate imaginativamente en el corazón de Jesucristo, y trata de sentir lo que El sentiría al pronunciar estas mismas palabras. Con la ayuda del Espíritu Santo trata de identificarte con la disposición interior de adoración, asombro y acción de gracias del corazón de Jesús, en el espíritu de los salmos.

Compromiso de vida

Procura cuestionar tu vida a la luz de la Palabra, aplicando permanentemente la Palabra escuchada a la situación concreta de tu vida, preguntándote a cada momento “qué me está diciendo Dios” en esta frase para mi vida, en qué sentido los criterios divinos encerrados en esta Palabra interpelan mi modo de pensar y actuar, en qué aspectos debo cambiar, “qué haría Jesús en mi lugar”. En la medida en que tu mente se adapte a la “mente” de Dios, serás discípulo del Señor. Si en cualquier momento de la lectura escuchada tu corazón siente el impulso de orar, déjalo libremente desahogarse con el Señor.

En resumen

Lee la Palabra lentamente.

Saboréala gozósamente.

Medítala cordialmente.

Aplícala diligentemente.

Que la Palabra sea para ti

Lámpara que ilumine tu camino.

Pan que alimente tu alma.

Fuego que encienda el fervor.

Ruta que te conduzca a la salvación.

Latido que aliente tu espíritu.

Vida que nunca se acabará.

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5 pensamientos en “Meditar y Vivir la Palabra

  1. DESEO 27/02/2006 en 21:36 Reply

    Lindo tu space lleno de paz…….
    el cielo de mi dulce ángel…Espejo  de tus sentimientos, cristal empañado de  las  sublimes huellas digitales de tu alma…Saludos Invisibles, Impalpables e Imperceptibles….
     Un Beso en la distancia..cuídate mucho !
    La Invisible, Impalpable e Imperceptible….

  2. Jorge 28/02/2006 en 15:00 Reply

    Interesante. En construcción y ya con comentarios. Gracias por tu visita. Mi parroquia es la tuya. No hace falta estar físicamente cerca para que sea así. Saludos.

  3. Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ Maria Teresa Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ 03/03/2006 en 17:23 Reply

    Hola querida Betsi, primero déjame felicitarte por la bellísima entrada que has publicado, es preciosa en verdad.  Muy profunda, llena de sabiduría y tiene ese toquesito especial que dice mucho de ti.
    Vengo a desearte unos días llenos de paz y que cada minuto sientas siempre que tienes una amiga, sin importar la distancia y el tiempo, que tev lleva en su corazón y en su pensamiento.
    Eres muy importante para mí.
    Dios te bendiga e ilumine siempre tu camino.
    Un abrazote.
    María Teresa.

  4. csr˜ 14/05/2006 en 4:10 Reply

    hola sabes me gustaria conocerte eh y sabes ests bonito tu spaces eh agregame rassecc19

  5. Lucía 21/07/2009 en 4:51 Reply

    Gracias por compartir estas bellas oraciones, que Dios te ilumine y te colme de bendiciones

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