Parece que estamos construyendo el Reino de Dios
pero podemos estar construyendo el reino de la tierra
El Reino de Dios o el reino de la tierra

Respiran en el corazón del hombre, agazapadas en la penumbra, unas fuerzas oscuras, connaturales y salvajes que, colocadas en fila, como un ejército en orden de batalla, reclaman a voz en grito la gloria, la opulencia, la dominación; y, al mismo tiempo, rechazaban con repugnancia el olvido, el fracaso, la oscuridad.

Tienen categoría de diosas, porque desde siempre y para siempre doblegan las balanzas y prevalecen sin contrapeso en el reino de los impulsos.

Inevitablemente, la tentación yergue sibilinamente su cabeza en el corazón del hombre; y es una tentación porque se presta a confusión, porque hay falacia (exhiben siempre una hermosa apariencia), y porque ofrecen mezclados, como en una aleación, los intereses de Dios y nuestros intereses, la gloria de Dios y nuestra propia gloria, la dominación de Dios y nuestra dominación. Una simbiosis idolátrica.

Todo cuanto amenace nuestra gloria amenaza la gloria de Dios, y viceversa. Los enemigos que hieren nuestros intereses hieren los intereses de Dios, y viceversa.

Parece que estamos construyendo el Reino de Dios, pero podemos estar construyendo el reino de la tierra: buscar y promover el prestigio, la fortaleza, la influencia, en una palabra, el poder, pensando que estamos promoviendo el poder y la gloria de Dios.

¿Eres cariñoso?

Es diferente

ser cariñoso que hacer cariño
Ser cariñosos

No hay normas para ser cariñoso

Ser cariñosos significa conducirse con un corazón afectuoso, en el trato con los demás. Significa ser amable y bondadoso, en sentimientos y actitudes, con los que nos rodean.
Ser cariñoso significa que el otro, a partir de mi trato con él, percibe que yo estoy con él. Es una corriente sensible, cálida y profunda.

Hay gestos que, inequívocamente, son portadores de cariño:

una sonrisa, una breve visita, una pregunta sincera, “cómo amaneció”, “cómo se siente hoy”, un pequeño servicio, el vivir con el corazón en la mano.

¡Es tan fácil hacer feliz a una persona!

Basta una palabra, un gesto, una sonrisa, una mirada. ¡Qué linda “profesión” ésta de hacer felices a los demás, siquiera sea por un momento!. Llevar un vaso de alegría al prójimo ¡qué tarea tan fácil y sublime!.
¡Qué cosa estupenda el acercarse a un hermano deprimido y ofrecerle una palabra de esperanza: no tengas miedo; todo pasará; cuenta conmigo; mañana será mejor!.

Para ser cariñoso,
lo único que se necesita es no estar consigo mismo,
sino salirse para estar con los demás.

El acto de abandono

“He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad”
Hebreos 10:7
El acto de abandono

El acto de abandono
es una transmisión de dominio,
un dar el “yo” a un “tú”.

Es un gesto “activo”
porque hay una ofrenda total
de la propia voluntad a la voluntad del ser querido.

No se trata de meterse con resignación
en la marcha fatal de los acontecimientos.

Abandonarse es entregarse con amor a Alguien
que me quiere y lo quiero,
y porque lo quiero, me entrego.

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